Somos templo del Dios viviente

La palabra de Dios dice:

“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo:

Habitaré y andaré entre ellos,

Y seré su Dios,

Y ellos serán mi pueblo.

Por lo cual,

Salid de en medio de ellos, y

Apartaos, dice el Señor,

Y no toquéis lo inmundo;

Y yo os recibiré,

Y seré para vosotros por Padre,

Y vosotros me seréis hijos e hijas,

Dice el Señor Todopoderoso.

Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” 2-Corintios 6: 14, 7:1.

Al respecto, el comentario Bíblico de Matew Henry, nos ilustra claramente:

Malo es que los creyentes se junten con los malos y profanos. La palabra incrédulo se aplica a todos los desposeídos de la fe verdadera. Los pastores verdaderos advertirán a sus amados hijos del evangelio a no unirse en yugo desigual. Los efectos fatales de rechazar los preceptos de las Escrituras acerca de los matrimonios se notan claramente. En lugar de ayuda idónea, la unión trae una trampa. Los que tienen la cruz de estar unidos desigualmente, sin que sea su falta voluntaria, pueden esperar consuelo bajo ella, pero cuando los creyentes establecen estas uniones, contrarias a las expresas advertencias de la palabra de Dios, deben esperar mucha angustia.

La cautela se extiende también a la conversación corriente. No debemos entablar amistad ni familiaridad con hombres malos e incrédulos. Aunque no podemos evitar por completo ver y oír, y estar con los tales, nunca debemos, no obstante, elegirlos como amigos. No debemos corrompernos juntándonos con quienes se contaminan a sí mismos con pecado. Salid de en medio de los hacedores de iniquidad, y apartaos de sus placeres y empresas vanas y pecaminosas; de toda conformidad a las corrupciones de este mundo presente. Si es un privilegio envidiado ser hijo o hija de un príncipe terrenal, ¿quién puede expresar la dignidad y la felicidad de ser hijos e hijas del Todopoderoso?